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¿Son privadas las conversaciones de un grupo de WhatsApp?

La pregunta tiene trampa, y depende de lo que entendamos por “privadas”. En principio, por supuesto, debemos entender que al tratarse de la emisión de ideas u opiniones expresadas en un grupo cerrado de personas –y no de forma abierta como pueden ser las expresadas, por ejemplo, en un blog o página web- se trata de una conversación efectivamente privada, sin que para ello afecte el número de interlocutores de la misma, es decir, el tamaño del grupo. Hay, sin embargo, diversidad de opiniones respecto a este punto, constituyendo actualmente un debate abierto entre juristas.

Ahora bien, esto no significa que dichas conversaciones no puedan salir de ese ámbito “privado” a la esfera pública y tampoco que el contenido de esas conversaciones no pueda tener consecuencias jurídicas, ya sean penales, administrativas, civiles, etc.

Respecto a la primera cuestión, es decir, sacar a la esfera pública la conversación, se ven involucrados, principalmente, dos derechos fundamentales. Por un lado, el derecho a la intimidad personal y, por otro, el derecho al secreto de las comunicaciones, ambos recogidos en el artículo 18 de la Constitución Española.

Ambos derechos están protegidos en el ámbito penal, en este contexto concreto, por el artículo 197 de nuestro Código Penal, de forma que cometerían un delito quienes “(…) para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere[n] de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos o efectos personales o intercepte sus telecomunicaciones o utilice artificios técnicos de escucha, transmisión, grabación o reproducción del sonido o de la imagen, o de cualquier otra señal de comunicación”.

Sin embargo, debe entenderse –entre otras cosas por el uso expresiones como apoderamiento o interceptación- que este delito sólo es aplicable a personas “externas” al grupo de whatsapp, y que, por tanto, no incurrirían en el mismo aquéllas personas que participen en dicho chat.

Ahora bien, que no constituya un delito cuando es un participante del chat quien filtra o difunde esa conversación, no significa que esa filtración sea lícita.  Así, por ejemplo, la normativa sobre protección de datos impide la revelación de información personal sin autorización, por lo que si se hacen públicos datos personales sin el permiso de los otros participantes en el chat podría acarrear las sanciones previstas en la Ley Orgánica de Protección de Datos. Igualmente, si hablamos de información que afecte a la imagen, reputación o buen nombre de los otros participantes, la ley Orgánica de Protección Civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, puede llevar a una demanda civil y a la obligación, en última instancia, de indemnizar por el daño causado.

Sin embargo, la filtración o la difusión de la conversación está amparada por el derecho cuando la misma corresponda a un interés legítimo, como puede, por ejemplo, y con esto conectaríamos con la segunda cuestión planteada al inicio, que la misma sea constitutiva de un delito.

Aquí, el paso de la conversación de la esfera privada a la pública estaría plenamente justificada, operando dicha conversación como medio de prueba, igual que pueden hacerlo también un correo electrónico o la grabación de una conversación telefónica.

Para que se pueda valorar como delito alguno de los comentarios vertidos, es fundamental que se contemple en conjunto con el resto de la conversación. No es lo mismo hacer un chiste macabro, de mal gusto o políticamente incorrecto dentro de un contexto de confianza, que hacer un comentario que suponga una amenaza, una calumnia o injuria, o un delito de apología o de odio por ejemplo. Si la persona que hace pública la conversación, cree que efectivamente se está cometiendo alguno de estos delitos, los derechos de intimidad, imagen, honor, libertad de expresión o protección de datos podrían ceder a favor de aquellos.

Por ello, es fundamental que para valorar toda la conversación, no sólo los fragmentos que puedan ser constitutivos de delito, se haya de garantizar la integridad y autenticidad de dicha conversación mediante una prueba pericial.

En conclusión, las conversaciones por WhatsApp son privadas, pero podrán ser denunciadas si el bien que se protege es mayor que los derechos que se puedan vulnerar al dar publicidad a esa conversación. Ahí está el quid de la cuestión.

Ha ejercido la abogacía en diferentes despachos de Madrid y desde la asesoría jurídica de una multinacional americana. Además, ha sido emprendedora y ha trabajado en comunicación y marketing digital. Asesora sobre estrategia y cumplimiento normativo en el entorno TIC: Derecho digital y Nuevas tecnologías. Licenciada en Derecho por la Universidad Pública de Navarra. Máster en Dirección de eCommerce y Marketing Digital por el Observatorio de eCommerce y transformación digital y Máster en Gestión cultural por la Universidad Carlos III.

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